Hola-lá!

Estamos, oh mon dieu, en febrero y yo no escribo una palabra desde antes de navidad. ¡ Desde el año pasado! Ideas tenía muchas (durante los exámenes me concentro en mogollón de temas extra-académicos) pero entre estudiar, aprobar y quejarse del frío se planta una en estas fechas. Así que toca resumir rápidamente más de dos meses de entradas en potencia.

Esta Navidad Mérida moló más de lo que suele, supongo que por el “vuelve a casa” en avión, y el “hija, estás más delgada” (suena increíble pero en cinco años estudiando fuera es la primera vez que lo escucho). Pero también por las inútiles vueltas en coche con el ya LICENCIADO Sito, por los encuentros sevillanos con A. (LICENCIADO y apto para conducir en sólo una semana, la de Navidad), el estupendo viaje a Lisboa y los dos cafés (bienvenida y despedida, literalmente) con L. Y por la cocina de mi madre, claro, sin la que no es Navidad en la boca; y esas dos o tres noches en las que, cada vuelta a casa, Clara viene a mi cama intentando retrasar la hora de irse a la suya y me pide que no salga (aunque ahora salga ella más que yo). Mis abuelos, que celebran cada post como si mereciera el Goncourt, y sus Bodas de Oro hicieron que Mérida ganase unos tantos más; y en fin, entre unos y otros consiguieron que me entristeciese volver a esta ville lumiére que tout le monde nos envie.






Paris me esperaba cubierto de nieve, con sus canales congelados y todo, a unos siete grados bajo cero. La cosa no es tan grave ahora, la nieve que cae se funde en unas horas y el abrigo- edredón de María (bendita seas) hace un buen papel frente a las temperaturas de las últimas semanas.

Los exámenes fueron rápidos e indoloros y hoy han terminado las dos semanas de vaciones que la Sorbonne nos da para recuperarnos. Como en un principio no sabíamos que hacer con tanto tiempo libre Amanda y yo solicitamos asistir a un programa de debate de la tele pública francesa. Sé que no suena apasionante pero entrevistaban a Paul Auster, era gratis y a las once de la noche. En Paris hay muy poco que hacer a esas horas por lo que, obedeciendo los consejos del regidor, nos vestimos de colores para dar bien en cámara y ¡asistimos al programa cultural más molón que he visto nunca!. El público (joven, multiracial y vestido de colores) se desperdigaba por todo el plató, que resultó ser un bar a cuya barra nos acercábamos con taburetes transparentes. Durante toda la emisión (una hora en directo sin anuncios) nos ofrecían dulces y copas de champagne para hacer que atendieramos a los cuatro invitados (Michel Onfray, Pierre Rosanvallon, Chantal Delsol y Bernard Stiegler) que con la excusa de analizar el estado del mundo presentaban sus respectivos libros. El presentador (todo un chacal) dejó el plato fuerte para el final y la entrevista de Paul Auster (sentado también entre los jóvenes) se limitó a los últimos 20 minutos en los que, tras presentar también su libro en un francés perfecto, el escritor se dedicó a depositar sus esperanzas en Obama, de lo que que se burló el tal Onfray que resultó caerme muy bien. A Amanda y a mí nos da bastante igual Auster pero por lo visto su hermano (el de Amanda) es fan así que mientras ella corría al guardaropa a por la cámara yo seguía al yanqui por los pasillos de la productora para no perderlo. Consiguió la foto, aunque Monsieur Auster flipó un poco con la petición.

El resto de las vacaciones las he pasado con A., que ha tenido la bondad de venir a hacerme compañía unos días. No sé si sus planes eran empaparse de París pero tomé la precaución de comprar unos billetes de avión Paris-Palermo antes de que pudiera oponerse, para así ver el sol unos días antes de vover a las clases. No fue capricho, los baños de sol son necesarios para sintetizar la vitamina D, que ayuda a prevenir la osteoporosis, el cáncer y no sé cuántas cosas terribles que deben hacer estragos en la Île de France.



En Sicilia nos sentimos un poco como deben sentirse los guiris al llegar al sur de España pues todo es baratísimo y rebosa encanto pero está manga por hombro. A. dice que es como si todos en Palermo se hubiera pulido una herencia, aunque yo creo que la realidad se acerca más a su comentario tras ver un palazzo con la fachada completamente en ruinas y ropa tendida en lo que debieron ser balcones majestuosos: “esto es como Andalucía pero sin subvenciones”.

Me informé un poco antes del viaje sobre comer en casas particulares por poco dinero, pero no hubiera hecho falta porque no llevábamos ni una hora en la isla cuando en un barrio cerca del hotel un vecino nos recomendó comer en el Rosa-Nero, que resultó ser el garaje de otro vecino. Lo siento por el tópico pero juro que nos recibió el sobrino de Toni Soprano, el cual nos acomodó en lo que resultó ser una especie de peña del Palermo (club de fútbol) con dos o tres mesitas y el canal de deportes a todo volumen. Pasta con calabaza, guisantes, patata y panceta para mí + pasta con salsiccia siciliana para A.+ buen parmesano à volonté + jarra de vino rosso de la casa = 3 euros/persona. Como os podéis imaginar, a partir de ese momento el viaje se convirtió en un festival gastronómico pues en los restaurantes de verdad la cosa no salía mucho más cara. Y entre pizzas, calzones, focaccias y carpaccios probamos platos tipicamente sicilianos como las arancinas (grandes bolas de arroz con queso y carne), pasta con le sarde (con sardinas frescas y una salsa de tomate, pasas, piñones, y matalauva), cannoli (rollos crujientes de chocolate rellenos de ricota), caponata di melanzane (una especie de pisto de berenjenas, tomate y aceitunas) y vimos maravillas como el Duomo de Monreale (no había visto tanto pan de oro desde la Semana Santa en Sevilla), el Teatro Massimo (donde Sofía Coppola muere ¡por fin! en el Padrino III) o las catacumbas de los Capuchinos (por favor, pinchad en el enlace, yo no daba crédito). Sitios anticipados por El Gatopardo, que destripé enterito para A. durante el viaje, ilustrando las referencias a Victor Enmannuele o Garibaldi que encontrábamos en calles y plazas.




Después de arrasar el mercado de Vucciria el último día, volvimos a Paris a disfrutar de más comida palermitana, esta vez preparada por mí (desoyendo a A., que dice que la única manera de cocinar alla siciliana es en salto de cama) y mi nuevo quaderno delle ricette della Sicilia.

El resto lo sabéis por las noticias: huelga general y más frío.

Por lo demás A. se ha ido, yo vuelvo a clase y la nieve no llega a cuajar. Tengo cuarto nuevo, redescubro el Paris de Rayuela (hay quien se ríe de mí diciendo que es como “muy de primero de carrera”) para una clase que empieza mañana y renuevo mi propósito de ir a nadar cada día. Y el de estudiar más francés, y estudiar más en general e ir a todas las exposiciones que merezcan la pena (que no son pocas) y al teatro y a la ópera. Sería estupendo no escribir nuevas entradas por estar haciendo todas esas cosas ¿verdad?, o mejor aún: hablar de esas actividades en amenos y desenfadados posts que os hicieran entrar cada día a seguir la pista de mis aventuras. Pues es más que probable que pronto comience a hacerlo, y no me lo creería ni yo si no fuera porque puede que me paguen por hacerlo...ya os contaré.

Y sí, el título del post es terrible y forma parte de un anuncio que oferta vuelos a Paris desde Sevilla. Ah, y las fotos se colocan donde ellas quieren, yo no las dispongo así.

À la prochaine!


Paris 0 - Villegaz 1

Publica alguna entrada hablando de las clases, hija, que parece que estás todo el día de fiesta...

No será hoy, mamá. Es que entre contar mis problemas para entender a Madame Zerari cuando nos bronquea en francés y hablar sobre nuestra Pendaison de la Crémaillère... qué queréis que os diga.
Os cuento. La expresión prendre la crémaillère significa en francés algo así como "dar el toque final a una casa". Hace referencia a una barra de hierro que se colocaba en las chimeneas de los hogares, con agujeros a distintas alturas en los que se fijaban ganchos para sostener la olla y así acercarla más o menos al fuego según la intensidad de cocción que se deseara. Este elemento era el último que entraba en una casa recién construida.
Actualmente, cuando los franceses hablan de una pendaison de la crémaillère se refieren a la fiesta de inauguración de un apartamento, que normalmente es una excusa para conocer a los vecinos de su edificio con los que, de no hacerlo, no tendrían ningún contacto.
Pues bien, como Amanda (mi compañera, filóloga catalana, a la que no entiendo cómo no he dedicado un post aún) y yo no tenemos mirilla en la puerta (¡!) decimos organizar una "fiesta de la cremallera". Nos moríamos por comentar con el resto de vecinos las extrañas entradas y salidas a cualquier hora de la vecina del bajo derecha, queríamos ahondar en el tema de la luz y la tele a todo volumen 24horas- non stop del apartamento de al lado (nuestra casera dice que viven un político y una cantante) y nos moríamos por conocer a los jóvenes rastas de uno de los últimos pisos. Además queríamos compartir con nuestros amigos la experiencia en Villegaz (nos gusta llamar de este modo a nuestro pisito, estamos seguras de que hay un escape de gas en la entrada, pero todo controlado, eh), así que los invitamos a tooodos a unos aperitivos, a buena música y al aprendizaje de vocabulario "de andar por casa" que los post-it que he colgado por todo el piso proporcionan. De su cuenta corría la bebida.





...y menos mal que los invitamos. La fiesta hubiera quedado bastante sosa con sólo UN VECINO. Pero qué vecino, oigan. Fue el primero en llegar (por supuesto, es francés) y se presentó como el "ermitaño urbano" del tercero. Estaba bastante emocionado por el hecho de asistir a una fiesta de españoles y no paraba de repetir que la experiencia era "un viaje al extranjero, pero dos pisos más abajo". El caso es que acabó charlando con todos (para mis amigos, cuanto más bizarro mejor) y despejando nuestras dudas sobre el turbio negocio de la Big Momma del primero. Seguro que nuestros padres duermen más tranquilos ahora que sabemos que no trafica con drogas, sino que regenta un par de pisos de prostitutas en el bloque.
¿El resto de invitados? Ya sabéis como son estas cosas...un amigo llama a otro amigo que llama a otro amigo y al final no conoces a la mitad de la gente que te felicita por lo bien que está resultando todo. Se portaron. No ensuciaron demasiado y cumplieron con su cometido de traer la bebida (dos valencianos encantadores se marcaron un buen tanto trayendo sendas botellas de Beaujolais nouveau, que me apresuré a esconder para disfrutarlas más tarde en petit comité).








H. (resident Villegaz, dj oficial del evento) no salió de detrás de su Behringer en horas, dándole a la sesión un toque muy profesional que suscitó más de un comentario del tipo "oye, al deejay ¿lo habéis contratado?". En serio.






La fiesta terminó a una hora demasiado prudente, el rumor de una rave gratuita cerca de Chateau Rouge corrió como la pólvora y todos (incluido el vecino) pillamos el último metro ilusionados ... para encontarnos con Paris en estado puro, esto es, segurata imbécil que no te deja pasar porque no, y es que no. Muy parisino también era el dueño de la boulangerie en la que paramos de camino a casa (decepcionados) en busca de un croque caliente."À emporter!!!" gritaba el maldito para que no nos resguardasemos del frío en su local ni un segundo más después de haber pagado.
¿El resultado? Paris 0 - Villegaz 1
Pero la muy perra, Paris, te da una de cal y una de arena. De nieve, mejor dicho.
Una breve pero preciosa nevada que hace que le perdones lo de sus discotecas, y bares, y precios y vecinos siesos. Y que se te quede esta cara:

Rendez-vous

Le film que vous allez voir a été réalisé sans aucun trucage ni accéléré.



En realidad A. llegó en avión y sin carnet de conducir (aún). Pero la sensación (según dice, desde su intensidad) fue parecida. Poco importa que sea un Ferrari 275 GTB o un Mercedes 450 SL 6.9, la velocidad a la que dejamos las cosas atrás (aquí, en Paris) es la misma. Pero también es igual la seguridad con la que toma las curvas, y es que no ha olvidado cuando frenar o acelerar conmigo.

Lo recibí con entradas para The Roots y Kanye West en Bercy, buen jamón (él puso los picos) y una bufanda que huele a entonces, a calle Canal y tercero de carrera. Él parece un fiber con sus nuevas gafas y ha conseguido no aprender ni una sola palabra de francés en una semana. Mis tres meses aquí no le impresionan, el mamón sigue (y seguirá, me temo) cuestionando mis itinerarios cuando le guío por la ciudad. Aún así conseguimos llegar hasta la Mosquée de Paris, al Institut du Monde Arabe (muy en su rollo todo), al Palais de Tokyo y al Louvre. Visitamos también la Sorbonne y paseamos por la Avenue des Champs-Élysées entre luces de Navidad y comentarios cartorialísticos y sartorialísticos.
El cus-cus gratis, las pintas de cerveza y el rugby televisado en La Chope du Château Rouge terminaron de convencer a A. de que no voy a volver a la patria (me mira entre cómplice y preocupado, "tú no vuelves, perra").

En tres días A. coge otro avión y se va a la capital (de allí, a Madrid) a estudiar cosas de mayores, a aprender a salvar el mundo mientras yo no dejo de llamar, dice. Pero viaja tranquilo esta vez, un rendez-vous en Paris despeja dudas.
Sabe que le espero en las escaleras del Sacre- Coeur.


C'est pas cher, ah?

Lejos han quedado los días en los que podíamos arrimarnos al Sena para cenar un bocata, montar un picnic en le Champ de Mars o apurar un Kebab (siempre de un turco distinto, pero siempre el mismo) con frites en cualquier banco. El frío, ese del que no paro de quejarme, nos empuja a lugares cerrados (normalmente chez Isa o chez Gemelada) y aunque hace ya una semana que no aprieta tan fuerte, sigue siendo insoportable para una muchacha que duerme con calcetines aunque Sevilla esté ardiendo.
Por eso busco locales calientes, donde se coma rico y barato, por eso y porque no puedo evitarlo. Dios sabe que prefiero cocinar yo, pero no tengo aquí a A. para comerme a besos después de comérselo todo, ni a Alberto para darme por saco añadiéndole sal a cualquier cosa que le ponga por delante. No tengo ni congelador. Pero lo que sí tengo es un piso en Paris, y por lo tanto, acceso a un número casi infinito de lugares donde sirven platos que nunca he probado. También tengo un presupuesto limitado, que da título a este post: c'est pas cher, ah?. La frase, que soltó un mendigo sonriente intentando llamar mi atención y la de H. sobre la oferta de patatas del Franprix, se ha convertido en nuestro mantra.

Kebab non plus

He jurado no probar ni uno más, no me caben. Además ¿quién quiere un kebab pudiendo encontrar buen falafel a mejor precio?

L'as du fallafel es una apuesta segura. Está en la zona judía de Le Marais y a pesar de la interminable cola de turistas ( ser "the best fallafel" de Paris según Lenny Kravitz es un buen reclamo) que hay siempre frente a su ventanuco de à emporter, sirven rápido y bien. Cinco euros por una pita llena a reventar de verduras (berenjenas, col, lombarda y pepino) con tahina a discreción y picante al gusto. Las bolas son más pequeñitas de lo normal pero encuentras muchas y muy especiadas. No necesitas postre.













La búsqueda del mejor falafel de París (no me fío de Kravitz) empezó por culpa de Alonso (presumía de haberlo encontrado este verano) y ha culminado, al menos por ahora, hace unos días.
Hartos de encontrar cerrado el libanés donde Sito hizo el hallazgo (Rue Descartes, junto a la place de la Contrescarpe) investigamos algo más por la zona. El local Au Vieux Cèdre (rue Mouffetard) pintaba bien pero su falafel es tan mediocre como barato (3 euros). Mucha cantidad de ensalada, un pepinillo interesante y poco más. El filón estaba a la vuelta de la esquina: un local con el mismo nombre pero más pequeño y cutre. El falafel que sirven es espectacular: untan la pita con tahina, añaden un majado de perejil, cebolla y gloria bendita; acompañan las "albondigas" de ensalada de lechuga y tomate y añaden un buen pegote de hummus al final. ¿Lo mejor? El amable cocinero consintió mi herejía de querer añadir queso tipo feta a su obra, lo cual no es ninguna tontería, llevo cinco años en Sevilla rogándole a tipos de todo el Medio Oriente por un poco de queso en mi rollo sin más resultado que risas o caras de asco.
La otra joya que puedes encontrar en Au Vieux Cèdre al mismo precio que el falafel (4 euros) es el rollo de foie de volailles (higaditos de pollo) al limón con todo el acompañamiento anterior . Dicen por la red, yo aún no lo sé, que el kafta (pita con carne de ternera picada grillé, hierbas frescas y cebolla) es también brutal en este libanés.

Rue Mouffetard abajo, Au p'tit Grec es garantía. LAS MEJORES CRÊPES DE PARIS, así, con mayúsculas. Salés o sucrés. Barbarita me rogó que la volviera a llevar a por su dosis de galette maison (crêpe de trigo sarraceno, tomate, lechuga, cebolla, bolognesa súper especiada, emmental por todos lados) antes de volver a España. Sobre los 4 euros, bebida incluída al mediodía.

Petite Asia

Chinos hay por todos lados. Restaurantes chinos, digo. Aunque su carta varía bastante de la que encontramos en los chinos españoles, sobre todo en lo que se refiere a los noodles o tallarines (que sólo había comido en condiciones en Madrid). El funcionamiento también varía: todos los platos están a la vista y te cobran al peso. Si no calculas bien puedes acabar pagando 17 euros y cenando arroz tres noches. Que se lo digan a Dani.




A diferencia de lo que ocurre en España (allí los japoneses están por las nubes), comer sushi en Paris es bastante barato. Pero como lo que pide el cuerpo a esta temperatura es sopita caliente, nos acercamos a Opéra en busca de ramen.


A lo largo de la rue Sainte-Anne encuentras japoneses de todo tipo. Hemos visitado dos: Sapporo y Naniwa-ya.
En el primero tomamos fórmulas ramen (sopa caliente de noodles al gusto, acompañada de arroz, pepino aliñado, croquetas de patata o nems -rollitos-), algunos; fórmula Katsudon (cerdo empanado sobre arroz con acompañamientos del estilo), otros. Los menús rondan los 10 euros.




Al segundo fuimos expresamente en busca de udon, unos tallarines parecidos a los noodles pero mucho más gordos y jugosos por los que H. suspiraba hacía tiempo. Por el mismo precio probamos, además, pato teriyaki con pimienta y un tofu frito delicioso sumergido en una sopa en la que no distinguí al menos dos ingredientes. Sentados en la barra, en esta ocasión, vimos a los cocineros en faena y disfrutamos del té caliente gratuito que te sirves tú mismo.



¿La mejor opción asiática? Y al decir "mejor opción" me refiero a la mayor cantidad de comida posible al menor precio: La maison Thai (2, rue de L'evangile, en el 18ème arrondissement). Si pillas una de las únicas cuatro mesas que hay en el interior puedes disfrutar de su menú de 4 euros, que incluye buen té caliente, arroz y dos tipos de carne o pescado a tu elección (todos especiados y con leche de coco como base). No quedaba Ho-moc (pescado envuelto en hoja de plátano) cuando fuimos, por eso y por el precio volveremos.

También en el 18ème, al otro lado de la estación de metro de La Chapelle, se encuentra el barrio hindú. Fui con Bárbara y H. hace unas semanas a comer...lo que quiso el camarero: buenas samosas de verduras, un curry de ternera muy rico, naan con queso, aama vadai de lentejas, pollo tandoori, muchísmo arroz basmati y picante al gusto. Todo regado con el agua gratuita que en Paris te sirven a discreción y sin poner malas caras por 16 euros entre los tres.

¿Más barato aún? Gratuit? C'est possible! Pero prometí un post corto y legible (no buscaba la rima). Dejo, pues, para otra entrada lo mejor.

Si habéis llegado hasta aquí es que, o bien me queréis mucho, u os encanta comer; en cualquiera de los casos seguid leyendo estos días, encontraréis muchas y muy ricas razones para venir a visitarme.

À la prochaine!

J'habite ici depuis deux mois

Vuelvo. Pero sólo porque mi madre me lo pide cada vez que hablamos por teléfono. Sí, ya tengo teléfono, internet y televisión con TVEI donde veo que allí está haciendo el mismo mal tiempo que aquí. También veo Cuéntame. Ya tengo cuenta en Societé General, y carnet de la François Mitterrand, y un contrato de estudios decente donde he colado asignaturas de Master sobre Góngora, Borges o Córtazar que ya me dan mucho y muy interesante trabajo. Ya tengo una Imagine R que me permite mirar a los ojos a los agentes de la RATP, con la confianza del que no salta los tornos. Y tengo Cola Cao, jamón, chorizo y queso extremeño que Bárbara ha traido con ella en su maleta nueva. Frío tengo muchísimo, nunca hasta ahora había temido por mis meñiques. La Seine, que buscaba cada noche hace unas semanas, se ha convertido en mi peor enemiga, calándome hasta los huesos cada vez que me atrevo a acercarme.

Los días cada vez son más cortos y esto de la Erasmus es una cuenta atrás. Por eso casi no escribo.

Tengo que ir a clase.


Además paso mucho tiempo en el metro...


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Hay que conocer la ciudad a fondo, de abajo (cenando) a arriba ( flipando).































Para ser una parisina más tienes que asistir a las fiestas de la ville.



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Bárbara, en poco más de una semana, le ha tomado el pulso a la ciudad, y ha comprendido lo imposible que resulta sacar minutos para actualizar. Vale, al horrible tuenti sí que le dedico un rato diariamente pero tus fotos se suben en un segundo y los comentarios los recibes inmediatamente pues media España tiene cuenta. Hasta A. ha abierto una ,en la que por supuesto no da la cara, para estar al tanto de la vida disoluta de estudiante à Paris que supone que llevo.
Con Bárbara aquí no he estado más tranquila, todo lo contrario; he aprovechado para, además de visitar monumentos a fondo (perdóname lo del Louvre hermanita ¿ quién podía imaginar que cerraba los martes?), beber, comer y bailar fuera de casa todo lo posible. Bárbara no sólo trajo comida y bebida (no venden ron aquí, al menos no alguno que sepa a ron), trajo además mogollón de acento que recuperé en cuestión de segundos, trajo más frío si cabe, sus ojos de espía rusa para poder romper a llorar frente a Notre Dame y esa fotogenia innata ( se la llevó toda ella) que nos ha proporcionado estampas como éstas:







La maqueta de Paris que aparece a nuestros pies está bajo el Musée d'Orsay, donde Barbaruchi vio sus primeros Cézanne, Degas, Delacroix, Gauguin, Manet, Monet, Renoir, Toulouse-Lautrec y van Gogh. La foto junto al L'origine du monde ha sido censurada.

La visita al Louvre no fue posible, lo dejamos para la próxima, junto con el museo Rodin.



En Versalles ( a continuación) no acompañó el tiempo, suponemos que los jardines ganan mucho en un día soleado; pero el estupendo cámara que ha resultado ser H., mis, ejem, riquísimos bocadillos y la información que Bárbara nos proporcionó tras tragarse tooodos los comentarios de la única audio-guía que llevábamos pusieron la luz. Tuvimos la suerte, además, de disfrutar de la desconcertante pero estupenda exposición de Jeff Koons. Da que pensar que un Michael Jackson de porcelana junto a un mono dorado o una langosta hinchable se integren tan bien en el château. Alto número de turistas-puristas indignados, claro.












Mucho le ha quedado por ver a Bárbara, y mucho me queda a mí. Y a vosotros, claro. Acumulo una cantidad ingente de fotos y chorraditas que me recuerdan todo lo que he hecho, visto y oído estos dos meses y no me animo a escribir post que con todo ese material se escriben solos. Animadme, sigue presionando mamá, comentad demandando entradas de calidad, no dejéis que haga el paripé subiendo cuatro fotitos de guiri. Pedidme que os cuente la fiesta de Hallowen en un barco a la orilla de la Seine, donde nuestros disfraces de agentes de la RATP fueron los que más miedo diero. Exigid que enumere la cantidad de sitios increíbles donde como cosas aún más increíbles por poco dinero; que hable de los cines, los teatros, la Ópera y de lo que se me acelera el pulso cuando entro en según qué bibliotecas y voy a según qué cursos. Uníos al grupo J'aime Noctilien que hemos abierto en Facebook. Venga, por cada comentario un post, más cortitos pero más jugosos.
Nos vemos pronto. O no.

Moi, I'm erasmus

Je suis désolée, he acabado cayendo en la red de esa terrible herramienta social que es el tuenti (y vuestras risas ya han cruzado los Pirineos), abandonando este blog incluso antes de que pueda ser llamado así. No hay excusas. Y no las pediría si no fuera porque aquí no paro de hacerlo.

Los parisinos llevan el perdón en la boca 24/7 : sabes que van rozarte porque se han disculpado un segundo antes así déjales claro que cést pas grave si el vagón de metro traquetea y te dan con el bolso o quedarán tan desolados como cuando les preguntas por una calle y no saben donde está. El excusez-moi se convierte así en la expresión que menos tarda en aprender a pronunciar correctamente, boquita de piñón mediante, un foráneo. El resto...uf...cuando me dirijo a alguien leo en su cara la expresión arrêtez de massacrer le français!!!

Los oídos sí que se van abriendo, las cosas llegan más claras y empiezas a intuir las pausas que debería haber entre palabras, los plurales no explícitos y las letras que estos malditos se tragan. La acústica de las clases no ayuda nada a este respecto, las nasales retumban y contaminan la mitad de una frase y como de la otra mitad sólo entiendes la mitad y no sabes escribir sin faltas de ortografía, mis apuntes de hora y media de curso cabrían en un post-it.

Pero ça va bien...el temario de las clases que se imparten íntegramente en francés ( estoy matriculada en Estudios Ibéricos por lo que en muchas se habla español) lo conozco de sobra ( qué gusto da estudiar a Saussure, por fin, en su langue) y en lo de intervenir, que aquí los alumnos intervienen muuucho, los profesores harán la vista gorda un tiempo.

Poco puedo contar aún de la facultad. Mi Licence se divide en Langue, Littérature, Civilisation y Spécialisation. Casi todas las materias que he escogido son de esta última parte: asignaturas bastante concretas de literatura y traducción literaria, aunque tengo alguna de Civilisation ( Histoire des idées politiques de l´Espagne contemporaine, Analyse filmique -le cinéma de Luis Buñuel-) y un par de lingüística . De cada materia tenemos cursos generales, que se imparten en un anfiteatro espectacular de la Sorbonne, y trabajos dirigidos, en clases de 10 personas donde el profesor controla las tareas que hay que ir haciendo en casa. Así, sólo tengo una clase por asignatura a la semana y un horario de envidia.

La parte acádemica, como veis, va estando bajo control. En lo ser ciudadana de París pongo muchas ganas pero la ciudad es bastante hostil con todos los que llegamos: papeles, papeles, fotocopias de papeles, avales y muucho dinero para todo. Mis amigos erasmus van teniendo un poco más de suerte: Héctor tiene un piso a la vista y se ha ido a celebrarlo a Zaragoza y Víctor está viviendo con un guitarrista de Boston cuyo grupo ha resultado ser bastante famoso en Francia. Suenan así.

Los veo cada noche, a mis amigos, aunque desde que se fue Óscar (a.k.a. Bill) nada ha vuelto a ser lo mismo y lo sabemos. Somos conscientes de que esto puede retrasar nuestro aprendizaje del francés así que cada uno busca por su cuenta nativos/as que hablen despacio. Su búsqueda responde, además, a necesidades digamos “extralingüísticas” que les arrastran de fiesta erasmus a fiesta erasmus en busca de lo que llaman garantías , concepto que no he llegado entender del todo pero que utilizo tan gamberramente como ellos.Pero muy bien las fiestas erasmus, oye, nada que ver con las noticias que me habían llegado. Sólo he asistido a una organizada pero repetiré. Enclave de lujo: Montparnasse, a los pies del rascacielos más alto de Francia, con un cañón de luz que apunta al infinito y se ve desde casi todo París. La discoteca (MIX) très cool, el veneno mu rico (8 euros la copa) y el idioma oficial, el inglés. Al menos en el que se dirigían a mí pues, a la hora de pegarte en la solapa tu bandera elegí la Union Jack, que combina bien con lo que lleves.

Cuando no vagamos de noche por ahí, hacemos el guiri. Pero ante la perspectiva de la llegada de familiares y amigos, que nos obligarán a visitar una y otra vez los monumentos más emblemáticos, nos inclinamos hacia un turismo alternativo y, por ahora, pelín macabro.

Hemos estado aquí con abrigos y linternas y los únicos espéctaculos que conseguimos ver en la Nuit Blanche consistieron en una buenorra contorsionándose con su Ipod sobre sangre y unos chinos lanzado palillos chinos a trozos de madera con montajes de pelis de kung-fu de fondo en la Comédie-Française. Si habéis pinchado en el vínculo sabréis en qué ha consistido este año la Noche Blanca. Yo sólo estaba realmente interesada en el concierto de Patti-Smith ( al que resulto imposible entrar) pero la ciudad estaba preciosa de madrugada, llena de gente que, como nosotros, pasó la noche en blanco; bajo la lluvia,andando por París y tropezándote con la Torre de Saint Jacques proyectada sobre la Torre de Saint Jacques, descansando en la misma puerta de la Academia Francesa o aprovechando que Notre Dame está desierta para hacer cientos de fotos .



Lo malo de espaciar tanto en el tiempo las publicaciones es que has hecho taaanto que lo malcuentas para ahorrar tiempo y espacio. Por eso hoy la fotos al final, a ver si ellas dicen más y mejor.


Canal alternativo a la fiesta del húngaro



Académie française


Ârrete! Cést ici lémpire de la mort



Intifadah skull

Dans une village de la Manche dont je ne veux pas me rappeler le nom...


Nuit Blanche, Notre Dame, vuelta a casa


























Próximamente: Tartufo en el teatro del Odeón,
Cinémathèque, primeros cursos generales y oh! mon dieu mira lo que como.

P.S. Te echo taaanto de menos que el Sena me llama.



Le Syndrome De Stendhal

Como no escribo nada ,me sobra tiempo para hacer montones de cosas sobre las que escribir una vez empiecen las clases y esté tan cansada al llegar a casa que ,en lugar de ducharme y salir de nuevo (ya tengo agua caliente), aproveche mi conexión a internet (que tendré) para postear y colgar fotos, como pedís. Pero habrá pocas letras por el momento. De hecho, no estaría escribiendo si un terrible resfriado francés no me tuviera en la cama pronunciando las nasales perfectamente en lugar de estar de pique-nique en el Parc du Champ de Mars, donde hoy nos daban la bienvenida a los erasmus de la Sorbonne.

Pero quizá sea mejor así porque no sé si mi sensibilidad estética soportaría otro marco incomparable esta semana. Y es que encadenar sthendals agota, por eso acabamos tan cansados cuando hacemos turismo; pero se hace más duro aún cuando no estás preparada para entrar en éxtasis, cuando en lugar de cámara y lonely planet llevas la bolsa de la compra o una carpeta con los papeles para tu nuevo carnet de estudiante. Me explico: mi facultad está en Paris IV,que viene siendo la Sorbona que todos conocemos, la del 68 , la del Montaigne del brillante zapato en la puerta. Pues bien, yo sé que de camino pasaré por el instituto Louis-le Grand y me estremeceré al pensar en Moliere, Victor Hugo, Baudelaire o Sartre dentro; o no podré dejar de contener el aliento cada vez que cruce el cour d'honneur de camino a algún despacho. Pero para lo que no estoy preparada es para volver la cabeza buscando algún cartel que indique el camino a la secretaría y ver, asomándose desde un burka frente a la preciosa chapelle del XVII que hay en nuestro patio, los ojos más amarillos que he visto en mi vida. No es posible recuperarse si justo después te chocas con la tumba de Richelieu y crees oir a un grupo de estudiantes discutir de socialisme y communisme, como bien predijo A.

Gracias a dios, Paris también ofrece importantes dosis de bizarrismo que te ayudan a no desmayarte cuando, un viernes por la noche, estás bebiendo vino en la misma puerta del Sacré- Coeur, con todo París encendido a tus pies. Y es ahí donde entran mis nuevos amigos, que podrían haber sido gilipollas (cada vez que conozco un nuevo erasmus doy gracias por haberles conocido a ellos antes) y no lo son. Su único defecto es la nacionalidad (española) pero ya saben que en cuanto conozca franceses interesantes borraré sus móviles y olvidaré su digicode. Vienen de distintos sitios donde se pronuncian las eses finales y eso le ha dado a mi acento un punto gitano importante,pues lo mismo te pronuncio una ese y dos no que te aspiro o no la jota.

Mis amigos, en su mayoría, andan bastante fastidiados pues sólo los gemelos (Zaragoza) han coseguido piso. Héctor (Guadalajara)vive con ellos y Víctor (Madrid) conmigo. Óscar (A Coruña) tenía residencia pero su pasaporte diplomático de la Xunta le ha servido de poco a la hora de convalidar asignaturas, así que vuelve a España en unos días. Eva, también gallega, vive a tomar por saco en casa de una “amable francesa” que le cobra por lavadora, la obliga a ducharse sentada y no le permite cocinar; pero ella lo cuenta con la tranquilidad con la que nos habla del narcotráfico o la prostitución. Víctor hubiera quemado la casa de la señora. Él es el filólogo madrileño que he recogido en mi piso y Paris ya le empieza a tocar las narices, pues llegó quince días antes que yo y sigue sin tener cama propia. Esta situación le mantiene en un estado de indignación constante que no duda en compartir con nosotros repitiendo, cigarro en mano, que esta ciudad hace criba y que a él las ciudades que hacen criba...y es que ¿qué clase de ciudad es una en la que no hay nadie en la calle para darte fuego a las 4 de la mañana?. Mientras busca una habitación en la que colgar su bandera del Atleti sobrevive gracias a la cerveza y a las “reposiciones habladas” que hace de todas y cada una de las secciones de La hora Chanante y Muchachada junto a Héctor, que gasta la misma voz que Ernesto Sevilla y considera el chanantismo un factor a tener en cuenta a la hora de juzgar a alguien.

Dani y Carlos son dos gemelos que han venido a París sin su trillizo. Tienen un piso encantador cerca de Marais (en el que la forma de llamar a la puerta es un timbre de bici) que se ha convertido en punto de encuentro y ciber- café improvisado pues hasta cinco portátiles chupan de la línea que tienen la suerte de pillar.

Juntos intentamos adaptarnos a la noche parisina pero llevamos peor que mejor lo de tener que salir tan temprano, lo de pagar taaanto por un combinado sin hielo (si venís a verme traed hieleras por favor)...y lo del frío. Ellos están más acostumbrados que yo a las bajas temperaturas pero, de todos modos, el no tener un lugar al que entrar a según qué hora nos indigna a todos tanto como a Víctor. Así, nos arrastramos, cerveza en mano, por bulevares y plazas. No es mala forma de conocer una ciudad pues, al andar tanto, el metro no atrofia tu orientación; aunque lo cierto es que yo nunca tengo muy claro en que orilla del Sena estoy.

Hemos recorrido la ciudad del futuro que es La Defense, comido las mejores galettes de Paris en Place Monge, bebido en un canal mientras planeábamos denunciar a un húngaro que nos impidió la entrada a su fiesta, hemos comido doscientos kebabs en doscientos sitios diferentes y probado todas las marcas de cerveza que vende el supermercado Casino. Pero lo de anoche se lleva la palma. El fin de fiesta fue el de siempre: tímidos intentos de entrar a bares (con la certeza de que van a echarnos si no consumimos) y vuelta a casa cuando abre el metro; pero estuvimos quejándonos durante varias horas del final que se avecinaba en el Pont des Arts, sobre el Sena, que lleva desde la Academia Francesa al Louvre. Y puede que fuera que la gripe estaba ya ahí, pero yo me pasé la noche con la carne de gallina, lamentado que mi cámara (o yo) no haga mejores fotos y echándoos de menos uno a uno. Que os merecéis ver el chisporroteo a lo lejos de la tour Eiffel iluminada. Que, como dijo Alonso, el vivir a París debería ser uno de los Derechos Humanos.

Es en estos momentos cuando me avergüenza no dedicar un ratito más a intentar traduciros a palabras tanta barbaridad. Y juro aplicarme y darle vida a este espacio.


Pero por hoy lo dejo,que estoy malade de belleza.

No puedo evitarlo

El nombre no fue idea mía. Lo sugirió L. pensando en Les liaisons dangereuses y en mí como la chica vil del banco verde que no contesta cartas ni correos.
Ya no soy vil, si es que lo fui, y creo que han pintado el banco de otro color. La correspondencia sigo gestionándola fatal así que confiemos en que el modelo bitácora me ayude a mantener el contacto con todos los que seguís esperando noticias mías.
Mi historial como escritora de diarios , perpetrados casi todos durante la adolescencia , hace que deposite pocas esperanzas en este blog . Disciplinada al principio, escribía varias páginas al día pero la sensación de que alguien acabaría leyéndolas me hacía dedicar semanas a corregir lo ya escrito; así, mi primer beso o una discusión con mi hermana se convertían en ejercicios de estilo y la crónica de mi vida avanzaba tan lentamente que me desesperaba y rendía.
Pero esto no será lo mismo, amigos; este será un blog-erasmus canónico: anécdotas que sólo hicieron gracia en su momento, fotos de monumentos que todos habéis visto en fotos mejor hechas, faltas de ortografía motivadas por el teclado extranjero (desde que emigré al software libre mi portátil se lleva fatal con las redes inalámbricas) y mogollón de extranjerismos que aumentarán conforme aumente mi soltura con este maldito idioma.
El panorama, lo sé, no pinta muy bien;pero no olvidéis que lo hago por vosotros y leedme y comentadme y abrid bitácoras también, que yo lo he hecho, que estoy en ello ¿veis? aunque todos sepamos que durará poco, que en unos días leeré esto y lo suprimiré avergonzada. Y no contestaré cartas ni correos. Y cuando, de vuelta, escuche vuestros reproches sonreiré y diré algo así como "es que...no puedo evitarlo”.

à Paris


Cuando escribo llevo ya cinco días à Paris. Cinco días arrastrando por calles y plazas la “responsabilidad” de haber abierto un blog, esto es, traduciendo mentalmente a posts todas y cada una de las cosas que han ido sucediendo. Lástima que los decibelios y la cerveza tibia de la Techno Parade en La Bastille anoche hayan borrado todas las ideas que había memorizado porque algunas eran buenas.




Como sabéis, gracias a que Pedro enamoró a su casera el año que vivió aquí, tengo un apartamento más que decente en una zona encantadora: Menilmontant,en el 20º arrondisment frontera con el 11º.
Hasta final de mes, momento en el que viene una valenciana a ocupar su habitación, vivo sola y me enfrento al paradójico sistema de alquiler en París también sola: necesitas una cuenta bancaria para alquilar un piso ; necesitas un piso para abrir una cuenta bancaria. En un principio no me afectaba esta estupidez pues la casera me ha permitido mudarme sin el contrato ( por lo de que le pone Pedro y tal) pero sin cuenta tampoco hay teléfono ni agua caliente. El no tener gas, además de ser un coñazo , se convierte en herramienta social en el momento en el que el administrador de mi casera informa a los vecinos sobre mi situación y dos de ellos vienen ofrecerme sus duchas para lo que necesite. El propio administrador ha puesto también su baño a mi disposición y se ha implicado tanto en el tema que me llama diariamente para interesarse sobre mi higiene, haciendo que lo que parecía cortesía empiece ya a dar un poco de mal rollo.




Pero no es el único que se preocupa por mí. En mi primera noche en el barrio conocí a Cedric, un francés que , tras el ofrecimiento de ducha de rigor, me ha servido de guía por bares y cafés de la zona. Pasó mucho tiempo trabajando en Colombia por lo que está encantado de practicar su español conmigo. Y con Malcolm, un canadiense que blasfema todo el tiempo en inglés pero controla bastante el español y toma café también en Aux Copains,el bar de mi esquina, donde nos conocimos todos comiendo el cuscús al que invita el dueño cuando anochece (Ramadán).
Gracias a Cedric he asistido a mi primera fiesta francesa, con gente francesa y comida francesa. Se celebraba el divorcio de Sebastien y Cedric, que no son homosexuales y tampoco estaban casados si no que firmaron el PACS (Le pacte civil de solidarité)que equivale a la “pareja de hecho” española y les ha hecho ahorrar muchos impuestos los últimos años. Qué queréis que os diga...Paris es caro.
Su piso está a tres paradas de metro del mío, en Louis Blanc ,al lado de un canal que llega hasta el Parc de la Villette. Es un barrio pelín pijo y , según Cedric, demasiado blanco. Esto significa que para ver un negro tienes que andar hasta el barrio hindú, que no está muy lejos , donde ha prometido llevarme a comer. Lo que no sabe es que no pienso ir porque no llevo muy bien que el curry de mi vecina suba las escaleras hasta mi puerta y me abofetee cada mañana al salir de casa. Agh.


Comimos bricks rellenos de montones de cosas, falafel, taboulé, pasteles marroquíes y brindamos con champagne en varios idiomas. El francés se me resiste aún pero le he sacudido el polvo a mi inglés y ça marche. Lo pasé genial y creo que conseguí no parecer retrasada , lo que no es fácil en un grupo de telecos parisinos de 35 años de media, sigh. Cedric ha vuelto a llamarme este fin de semana, pero no sé si al aceptar sus invitaciones ( “no, no, no....pago yo, tú eres estudiante...”) estoy firmando una especie de PACS de otro tipo...No volveré a ducharme en su casa.



Que me entierren en Paris

Al lado de mi casa está el cementerio de Père Lachaisse, así que he ido a saludar a mis nuevos vecinos.


Jim Morrison descansa( o no, según Alberto) en una tumba horrible a la que la gente tira mierda de todo tipo.

Nada que ver con la de Chopin, llena de flores frescas y cartas.






Balzac y Nerval viven lápida con lápida, en el mismo distrito ( el cementerio es tan grande que en dos horas no conseguí ver todo lo que quería) que Delacroix y Chaplin.







Asturias, que murió en Madrid, está enterrado aquí y uno de los guardias de seguridad del recinto te explica, si le preguntas por la ubicación de su tumba, cuánto lo admira.






Mi favorita es la de Apollinaire pues la de Wilde, más concurrida, parece un burdel.

Presenté mis respetos a Molière, La Fontaine y Proust , pasé por delante de Modigliani sin saberlo y me sorprendió que La Callas estuviera en un nicho.


Y hubiera podido seguir paseaando entre lápidas toda la mañana pero hasta que deje de pelearme con el francés debo pasar todo el tiempo que pueda en el Pompidou.

Allí tienen una mediateca impresionante donde vamos todos los guiris a instruirnos , o a ver la tele en nuestro idioma. Además de acceso libre (sin necesidad de carnet ni rollos) a todo el material, tienes acceso a la estupenda terraza desde donde, escuchando francés, disfrutas de las vistas a la plaza inclinada donde nadie habla francés. Y fumas y bebes café barato también.
Seguiré yendo, claro, al menos hasta que pueda hablar como dios manda con mi coordinadora pues en mi rendez-vous no quedé demasiado bien contestando en inglés a todo. Ella, que conste, no dejó el francés en ningún momento así que tuve que comprobar en la guía de la facultad si todo lo que yo había entendido era todo lo que ella había dicho.
Y, para que Antonio rabiara, lo hice en Le Marais.
Poco más de La Sorbonne , sólo he tenido la entrevista “administrativa”; hasta dentro de unos días no me reciben en la “pedagógica” y ahí es cuando decido qué voy a hacer este año.

Hasta entonces seguiré calentando ollas de agua para lavarme y seleccionando material “posteable”, que lo hay: acabo de acoger en mi casa a un filólogo inglés ( porque, como yo, dejaria a su novia por El) y he conocido a una prometedora pandilla de muchachos ( en la que estàn incluidos unos gemelos iguales a Luis Paz) que viene a mi casa esta noche a beber cerveza Holandia.

à la prochaine!