Esta Navidad Mérida moló más de lo que suele, supongo que por el “vuelve a casa” en avión, y el “hija, estás más delgada” (suena increíble pero en cinco años estudiando fuera es la primera vez que lo escucho). Pero también por las inútiles vueltas en coche con el ya LICENCIADO Sito, por los encuentros sevillanos con A. (LICENCIADO y apto para conducir en sólo una semana, la de Navidad), el estupendo viaje a Lisboa y los dos cafés (bienvenida y despedida, literalmente) con L. Y por la cocina de mi madre, claro, sin la que no es Navidad en la boca; y esas dos o tres noches en las que, cada vuelta a casa, Clara viene a mi cama intentando retrasar la hora de irse a la suya y me pide que no salga (aunque ahora salga ella más que yo). Mis abuelos, que celebran cada post como si mereciera el Goncourt, y sus Bodas de Oro hicieron que Mérida ganase unos tantos más; y en fin, entre unos y otros consiguieron que me entristeciese volver a esta ville lumiére que tout le monde nos envie.
Paris me esperaba cubierto de nieve, con sus canales congelados y todo, a unos siete grados bajo cero. La cosa no es tan grave ahora, la nieve que cae se funde en unas horas y el abrigo- edredón de María (bendita seas) hace un buen papel frente a las temperaturas de las últimas semanas.
Los exámenes fueron rápidos e indoloros y hoy han terminado las dos semanas de vaciones que la Sorbonne nos da para recuperarnos. Como en un principio no sabíamos que hacer con tanto tiempo libre Amanda y yo solicitamos asistir a un programa de debate de la tele pública francesa. Sé que no suena apasionante pero entrevistaban a Paul Auster, era gratis y a las once de la noche. En Paris hay muy poco que hacer a esas horas por lo que, obedeciendo los consejos del regidor, nos vestimos de colores para dar bien en cámara y ¡asistimos al programa cultural más molón que he visto nunca!. El público (joven, multiracial y vestido de colores) se desperdigaba por todo el plató, que resultó ser un bar a cuya barra nos acercábamos con taburetes transparentes. Durante toda la emisión (una hora en directo sin anuncios) nos ofrecían dulces y copas de champagne para hacer que atendieramos a los cuatro invitados (Michel Onfray, Pierre Rosanvallon, Chantal Delsol y Bernard Stiegler) que con la excusa de analizar el estado del mundo presentaban sus respectivos libros. El presentador (todo un chacal) dejó el plato fuerte para el final y la entrevista de Paul Auster (sentado también entre los jóvenes) se limitó a los últimos 20 minutos en los que, tras presentar también su libro en un francés perfecto, el escritor se dedicó a depositar sus esperanzas en Obama, de lo que que se burló el tal Onfray que resultó caerme muy bien. A Amanda y a mí nos da bastante igual Auster pero por lo visto su hermano (el de Amanda) es fan así que mientras ella corría al guardaropa a por la cámara yo seguía al yanqui por los pasillos de la productora para no perderlo. Consiguió la foto, aunque Monsieur Auster flipó un poco con la petición.
El resto de las vacaciones las he pasado con A., que ha tenido la bondad de venir a hacerme compañía unos días. No sé si sus planes eran empaparse de París pero tomé la precaución de comprar unos billetes de avión Paris-Palermo antes de que pudiera oponerse, para así ver el sol unos días antes de vover a las clases. No fue capricho, los baños de sol son necesarios para sintetizar la vitamina D, que ayuda a prevenir la osteoporosis, el cáncer y no sé cuántas cosas terribles que deben hacer estragos en la Île de France.
En Sicilia nos sentimos un poco como deben sentirse los guiris al llegar al sur de España pues todo es baratísimo y rebosa encanto pero está manga por hombro. A. dice que es como si todos en Palermo se hubiera pulido una herencia, aunque yo creo que la realidad se acerca más a su comentario tras ver un palazzo con la fachada completamente en ruinas y ropa tendida en lo que debieron ser balcones majestuosos: “esto es como Andalucía pero sin subvenciones”.
Me informé un poco antes del viaje sobre comer en casas particulares por poco dinero, pero no hubiera hecho falta porque no llevábamos ni una hora en la isla cuando en un barrio cerca del hotel un vecino nos recomendó comer en el Rosa-Nero, que resultó ser el garaje de otro vecino. Lo siento por el tópico pero juro que nos recibió el sobrino de Toni Soprano, el cual nos acomodó en lo que resultó ser una especie de peña del Palermo (club de fútbol) con dos o tres mesitas y el canal de deportes a todo volumen. Pasta con calabaza, guisantes, patata y panceta para mí + pasta con salsiccia siciliana para A.+ buen parmesano à volonté + jarra de vino rosso de la casa = 3 euros/persona. Como os podéis imaginar, a partir de ese momento el viaje se convirtió en un festival gastronómico pues en los restaurantes de verdad la cosa no salía mucho más cara. Y entre pizzas, calzones, focaccias y carpaccios probamos platos tipicamente sicilianos como las arancinas (grandes bolas de arroz con queso y carne), pasta con le sarde (con sardinas frescas y una salsa de tomate, pasas, piñones, y matalauva), cannoli (rollos crujientes de chocolate rellenos de ricota), caponata di melanzane (una especie de pisto de berenjenas, tomate y aceitunas) y vimos maravillas como el Duomo de Monreale (no había visto tanto pan de oro desde la Semana Santa en Sevilla), el Teatro Massimo (donde Sofía Coppola muere ¡por fin! en el Padrino III) o las catacumbas de los Capuchinos (por favor, pinchad en el enlace, yo no daba crédito). Sitios anticipados por El Gatopardo, que destripé enterito para A. durante el viaje, ilustrando las referencias a Victor Enmannuele o Garibaldi que encontrábamos en calles y plazas.
Después de arrasar el mercado de Vucciria el último día, volvimos a Paris a disfrutar de más comida palermitana, esta vez preparada por mí (desoyendo a A., que dice que la única manera de cocinar alla siciliana es en salto de cama) y mi nuevo quaderno delle ricette della Sicilia.
El resto lo sabéis por las noticias: huelga general y más frío.
Por lo demás A. se ha ido, yo vuelvo a clase y la nieve no llega a cuajar. Tengo cuarto nuevo, redescubro el Paris de Rayuela (hay quien se ríe de mí diciendo que es como “muy de primero de carrera”) para una clase que empieza mañana y renuevo mi propósito de ir a nadar cada día. Y el de estudiar más francés, y estudiar más en general e ir a todas las exposiciones que merezcan la pena (que no son pocas) y al teatro y a la ópera. Sería estupendo no escribir nuevas entradas por estar haciendo todas esas cosas ¿verdad?, o mejor aún: hablar de esas actividades en amenos y desenfadados posts que os hicieran entrar cada día a seguir la pista de mis aventuras. Pues es más que probable que pronto comience a hacerlo, y no me lo creería ni yo si no fuera porque puede que me paguen por hacerlo...ya os contaré.
Y sí, el título del post es terrible y forma parte de un anuncio que oferta vuelos a Paris desde Sevilla. Ah, y las fotos se colocan donde ellas quieren, yo no las dispongo así.
À la prochaine!




























